Introducción |
El bullying, definido como la agresión repetida dentro de una relación de poder desigual, es un problema significativo. Se ha demostrado que los acosadores y sus víctimas tienen más probabilidades de tener resultados adversos, tanto a corto como a largo plazo, como un menor rendimiento académico entre los acosadores y problemas de salud mental (baja autoestima, ansiedad, depresión) entre las víctimas. Además, entre los niños involucrados, las víctimas de bullying tienen los peores resultados.
Las investigaciones han mostrado que los niños con enfermedades crónicas tienen una mayor participación en el comportamiento de acoso que sus pares. Estos niños pueden tener características que conducen al rechazo de sus pares (capacidad limitada para participar en ciertas actividades, problemas de regulación emocional) o características asociadas con el acoso a sus pares (impulsividad e hiperactividad, comportamiento antisocial).
Los niños con enfermedades crónicas que son víctimas de bullying no solo tienen tasas elevadas de depresión, sino que también son más propensos a tener problemas de salud adicionales.
Dado que los niños con enfermedades crónicas tienen mayor riesgo de ser víctimas de bullying, diversos estudios han examinado esta condición en relación con cuestiones de salud específicas, como asma, alergias, cefaleas, afecciones cardíacas, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del aprendizaje (TA), problemas de conducta/comportamiento, retraso del desarrollo, discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista (TEA), trastornos del habla y el lenguaje, ansiedad y depresión. Estos estudios se centran predominantemente en la victimización y prestan menos atención a la perpetración.
Reconociendo la brecha relativa en la literatura sobre la gravedad de la condición, el presente estudio tuvo como objetivo aprovechar la Encuesta Nacional de Salud Infantil (NSCH) para analizar si la gravedad de varias condiciones crónicas calificadas por los padres se asocia con victimización y perpetración en niños y adolescentes de 6 a 17 años. Además, se buscó ampliar el análisis no solo para examinar las asociaciones entre las condiciones crónicas y la victimización, sino también entre las condiciones crónicas y la perpetración de bullying.
Los niños con una enfermedad más grave pueden tener mayores necesidades de atención médica y pueden requerir adaptaciones educativas más sustanciales que aquellos con una enfermedad más leve. Las necesidades especiales de atención médica se asocian con mayores probabilidades de ser víctima de bullying y las limitaciones funcionales se asocian con mayores probabilidades de ser víctima-acosador.
Por lo tanto, los niños con enfermedades más graves que requieren atención médica más especial, pueden experimentar un mayor estigma o marginación o pueden sentir una mayor necesidad de compensar con agresión que aquellos con una enfermedad más leve. Se planteó la hipótesis de que, para las enfermedades asociadas con la participación en bullying, los niños con una condición más grave tienen más probabilidades de ser víctimas o acosadores que sus contrapartes con una condición leve.
Métodos |
La Oficina de Salud Materna e Infantil de la Administración de Recursos y Servicios de Salud de los Estados Unidos encuestó a hogares para recopilar información sobre la salud física y emocional de niños no institucionalizados de 0 a 17 años utilizando la NSCH, una encuesta nacionalmente representativa. Para este estudio se combinaron los conjuntos de datos NSCH de 2018 y 2019 y los análisis se limitaron a niños de 6 a 17 años.
Los niños que fueron acosados al menos una vez o dos veces en el último mes y no cumplían con los criterios de acosador fueron clasificados como víctimas. Por lo tanto, el grupo de acosadores estaba compuesto tanto por acosadores exclusivos como por víctimas-acosadores.
Se examinó la conducta de acoso en asociación con cada una de 13 afecciones. Para las cuatro afecciones médicas (asma, alergias, cefaleas, afecciones cardíacas) y cinco de las afecciones de desarrollo/salud mental (TEA, depresión, ansiedad, TDAH, problemas de conducta/comportamiento), se les preguntó a los encuestados si un médico u otro profesional de la salud alguna vez les había dicho que su hijo tenía esa afección. Para las otras cuatro afecciones de desarrollo/salud mental (retraso del desarrollo, discapacidad intelectual, trastorno del habla/lenguaje, TA), se preguntó a los encuestados si un médico, otro profesional o un educador les había dicho alguna vez que su hijo tenía esa afección.
Resultados |
La cohorte analítica general de 42 716 niños incluyó 5421 víctimas exclusivas, 1658 acosadores y 35 637 niños no involucrados en bullying. Entre los 20. 235 niños con enfermedades crónicas, 3675 eran víctimas exclusivas, 1194 eran acosadores y 15 366 no estaban involucrados. Cabe destacar que, entre los acosadores, solo 410 eran acosadores exclusivos.
En siete de las nueve afecciones de desarrollo/salud mental examinadas (todas excepto discapacidad intelectual y trastorno del habla/lenguaje), los niños con la afección tuvieron mayores probabilidades de victimización que los niños sin la afección. Por ejemplo, los niños con TDAH tuvieron más de tres veces más probabilidades de ser víctimas y cuatro veces más probabilidades de ser acosadores que los niños sin TDAH. Además, los niños con depresión tuvieron más de seis veces más probabilidades de ser víctimas y más de tres veces más probabilidades de ser acosadores.
La gravedad de la afección se asoció con al menos una medida de participación en el acoso en seis afecciones de desarrollo/salud mental:
- En el caso del TDAH, el TA y la ansiedad, la gravedad de la afección se asoció con mayores probabilidades de ser acosador o víctima.
- En el caso de los problemas de conducta/comportamiento y el retraso del desarrollo, la gravedad se asoció solo con mayores probabilidades de ser acosador.
- En el caso de la depresión, la gravedad se asoció solo con mayores probabilidades de ser víctima.
No se observaron asociaciones para la gravedad entre los niños con discapacidad intelectual, trastorno del habla/lenguaje o TEA. Para las cuatro condiciones de desarrollo/salud mental donde ambas comparaciones de gravedad tuvieron hallazgos estadísticamente significativos dentro de un dominio de participación en el acoso (grave vs. leve y moderada vs. leve para TDAH, TA, problemas de conducta/comportamiento, ansiedad), los odds ratios correspondientes a la comparación de grave vs. leve fueron de mayor magnitud que los odds ratios para la comparación de moderada vs. leve.
En los análisis de sensibilidad donde los 410 acosadores fueron excluidos de la medición, los análisis de condición y gravedad arrojaron resultados similares a los análisis primarios. En estos análisis complementarios, tener una discapacidad intelectual o un trastorno del habla/lenguaje se asoció con mayores probabilidades de ser víctima-acosador, pero la gravedad se asoció con menores probabilidades de ser víctima-acosador para ambas condiciones. Estas asociaciones no se observaron en los análisis primarios. Otras diferencias notables fueron que la gravedad del TEA y de la depresión se asociaron con mayores probabilidades de ser víctima-acosador y la gravedad del TA ya no se asoció con esto.
En las cuatro afecciones médicas examinadas, la afección se asoció con mayores probabilidades de ser víctima. Las condiciones médicas no se asociaron con perpetración. Entre los niños con alergias, la gravedad de las condiciones se asoció con mayores probabilidades de ser víctimas. En los análisis de sensibilidad en los que se eliminaron solo los acosadores, los niños con asma o cefaleas tuvieron mayores probabilidades de ser víctimas-acosadores que aquellos sin estas condiciones, y la gravedad se asoció con mayores probabilidades de ser víctimas-acosadores en el caso del asma. Estas asociaciones significativas no se observaron durante los análisis primarios.
Discusión |
En esta gran cohorte de niños, para cada una de las 13 afecciones crónicas examinadas, los niños con la afección tuvieron mayores probabilidades de ser víctimas exclusivas que los niños sin la afección. Además, para la mayoría de las afecciones de desarrollo/salud mental examinadas, los niños con la afección tuvieron mayores probabilidades de ser acosadores.
La gravedad de las afecciones se asoció con ser víctima o acosador para cualquier afección crónica de desarrollo/salud mental, pero no para muchas afecciones médicas.
Condiciones de desarrollo/salud mental y participación en el bullying. Aunque los hallazgos con respecto a la victimización son coherentes con los de Jackson y col. y Lebrun-Harrise y col., otros datos difieren de los de Lyanda de 2018. Lyanda no halló asociaciones significativas para el TDAH, el TA o la discapacidad intelectual y encontró que el TEA estaba asociado con menores probabilidades de victimización.
Los hallazgos con respecto a la perpetración parecen contradecir a los de Lebrun-Harris y col. En particular, mientras que Lebrun-Harris y col. hallaron que los niños con TDAH, TA o trastornos del habla/lenguaje, y los adolescentes con TEA o retraso del desarrollo, tenían menores probabilidades de ser acosadores, el presente estudio identificó asociaciones estadísticamente significativas en la dirección opuesta para todos, excepto para los trastornos del habla/lenguaje.
Por otro lado, los hallazgos con respecto a la perpetración son coherentes con la literatura existente. Los estudios han observado mayores probabilidades de ser acosador y/o víctima de acoso en el caso de niños con TDAH, TA, problemas de conducta/comportamiento, retraso del desarrollo, discapacidades intelectuales, ansiedad, depresión, TEA y trastornos del habla y del lenguaje, la mayoría de los cuales fueron corroborados en este estudio. No se halló que las discapacidades intelectuales o los trastornos del habla y del lenguaje estuvieran asociados con mayores probabilidades de ser acosadores. En los análisis de sensibilidad con omisión de los acosadores exclusivos, ambas condiciones se asociaron con mayores probabilidades de ser víctimas-acosadores. Esto sugiere que la asociación entre estas condiciones y ser una víctima- acosador puede estar impulsada principalmente por el componente de victimización.
Afecciones médicas crónicas y participación en el bullying. En este estudio, aunque todas las enfermedades crónicas se asociaron con mayores probabilidades de victimización, no se observaron asociaciones significativas entre las enfermedades crónicas y la perpetración en estos niños. Los análisis de sensibilidad sugieren que los niños con asma o cefaleas tuvieron mayores probabilidades de ser víctimas-acosadores. Al igual que con las discapacidades intelectuales y los trastornos del habla y el lenguaje, estas enfermedades parecen tener asociaciones impulsadas por el componente de victimización.
Gravedad de la enfermedad y participación en el bullying. Los datos más novedosos del presente estudio se relacionan con la gravedad de la enfermedad, ya que se asocia con mayores probabilidades tanto de victimización como de perpetración. Para el conocimiento de los autores, la relación entre la gravedad de la enfermedad y la participación en el bullying aún no se ha estudiado en el contexto de discapacidades de aprendizaje, retraso del desarrollo, discapacidad intelectual, cefaleas y enfermedades cardíacas, y muy pocos estudios examinaron esta relación para la mayoría de las enfermedades incluidas en este estudio. De los estudios previos que investigaron el rol de la gravedad del TDAH en el bullying, tres estudios identificaron asociaciones positivas, en consonancia con la presente investigación.
Entre los niños con TEA, la literatura existente tiene datos variados con respecto a la relación entre la gravedad de la condición y la victimización. El presente estudio no halló evidencia de que la gravedad de la condición esté asociada con victimización exclusiva o con ser un acosador, pero en el análisis de sensibilidad, la gravedad del TEA se asoció con mayores probabilidades de ser una víctima-acosador. Varios estudios han encontrado que la ubicación en el aula puede mediar esta relación.
Se ha demostrado, entre los niños con TEA, que el tiempo pasado en aulas comunes se asocia positivamente con la participación en el acoso, y el tiempo pasado en aulas de educación especial se asocia negativamente. Con respecto a la gravedad de la condición, Rowley y col. demostraron que en entornos comunes, la gravedad se asoció negativamente con la victimización, pero en escuelas especiales, la gravedad se asoció positivamente.
Con respecto a las condiciones médicas, el presente estudio halló que la gravedad de la condición estaba asociada con mayores probabilidades de victimización entre niños con alergias. Esto es cohernetes con otro estudio que mostró que los niños con un mayor número de alergias alimentarias tenían más probabilidades de ser acosados específicamente por su alergia. En los análisis de sensibilidad, la gravedad de la condición se asoció con mayores probabilidades de ser víctima-acosador entre los niños con asma.
Limitaciones. Aunque la NSCH permite el examen de una muestra representativa, es una herramienta imperfecta para evaluar directamente el bullying. Otra consideración importante es que se agrupó a víctimas-acosadores y acosadores, debido al número limitado de niños en la muestra que tenían afecciones crónicas de diversa gravedad que eran acosadores, pero no víctimas, lo que no es óptimo. La dependencia de la evaluación global de los cuidadores de la gravedad de la condición puede introducir subjetividad.
Conclusión |
Los pediatras saben desde hace mucho tiempo que los niños con enfermedades crónicas tienen un riesgo elevado de ser víctimas de bullying; el presente estudio no solo confirma esta observación común, sino que también demuestra que los niños con muchas enfermedades crónicas tienen mayores probabilidades de acosar a otros. Para muchas condiciones, la gravedad de la enfermedad se asoció con mayores probabilidades de participación en situaciones de acoso. Se necesitan análisis específicos que examinen directamente la participación de niños con enfermedades de diferente gravedad, en particular para el TDAH, el TA y el trastorno de ansiedad.
La Academia Americana de Pediatría recomienda que los pediatras realicen pruebas de detección e intervengan de forma rutinaria para detectar la participación en situaciones de bullying en todos los niños de seis años o más, aunque se necesitan herramientas y métodos más específicos. Una detección e intervención efectivas pueden optimizar mejor los resultados de los niños involucrados. Los médicos deben reconocer que entre los niños con afecciones crónicas la gravedad de la afección es un predictor importante de la participación en el acoso.